El cáncer de mama es una enfermedad que afecta a las mujeres de los países desarrollados dependiente de las hormonas. Las mujeres sin ovarios funcionales que nunca han recibido terapia hormonal sustitutoria (estrógenos), no desarrollan cáncer de mama. La ratio mujer-varón para esta enfermedad es aproximadamente de 150 a 1.
Algunos datos estadísticos son también elocuentes: una de cada ocho mujeres, en algún momento de su vida, será diagnosticada de cáncer de mama si vive hasta la edad de 85 años.
Las tasas de incidencia aumentan con rapidez durante la cuarta década y son considerables antes de los 50 años, lo que supone una fuente constante de preocupaciones para las mujeres y una necesidad de vigilancia. Después de la menopausia, las tasas de incidencia siguen incrementándose, pero a menor ritmo. En lo que va de siglo se constata un aumento progresivo de la incidencia en todos los países y razas. Por el contrario, la mortalidad se encuentra estabilizada como consecuencia de la mayor eficacia terapéutica y de los diagnósticos más precoces. Las características que se relacionan con un riesgo relativo 3 o 4 veces superior de cáncer de mama son: comienzo precoz de la menstruación (antes de los 12 años de edad), comienzo tardío de la menopausia (después de los 55 años de edad), no haber tenido nunca un embarazo a término (nuliparidad), primer embarazo a término a edad avanzada (después de los 31 años), familiares de primer grado del sexo femenino que tuvieron cáncer de mama, observados en la madre, las hermanas o las hijas de la mujer.
Existen datos acerca de cuáles son los factores que pueden aumentar el riesgo de cáncer de mama:
- las enfermedades no neoplásicas de la mama
- la administración de hormonas
- diversas actividades cotidianas
Las mujeres con enfermedad fibroquística no tienen un mayor riesgo de cáncer de mama, salvo que presenten lesiones con células epiteliales atípicas (que se encuentran en cerca del 4 % de todas las biopsias de mama). Las mujeres que sólo tienen quistes no presentan una mayor incidencia, salvo que también tengan antecedentes familiares de cáncer de mama.
Existen estudios que evidencian que el riesgo de cáncer de mama no aumenta por el uso de anticonceptivos orales combinados con un alto contenido de progestágenos; sin embargo, hay algunas polémicas respecto al uso de anticonceptivos orales en mujeres jóvenes antes del primer embarazo y las posibles alteraciones del riesgo a largo plazo de cáncer de mama. En mujeres posmenopáusicas, el uso de estrógenos conjugados como tratamiento sustitutivo no aumenta el riesgo de cáncer de mama; algunos estudios, por el contrario, indican que el uso de estrógenos no conjugados durante muchos años, solos o combinados con progesterona, se asocia con un aumento del riesgo de cáncer de mama. Estudios internacionales han demostrado una correlación positiva entre el consumo medio de grasa animal y la incidencia de cáncer de mama, mientras que otras investigaciones sobre el consumo real de grasa en las mujeres no apoyan esta correlación.
Los análisis genéticos en familias con cáncer de mama sugieren que los responsables pueden ser defectos estructurales específicos en el genoma. Se estima que la frecuencia de mutaciones dominantes relacionadas con el cáncer de mama en la población general es del 0.33% y explica aproximadamente un 5% de los casos de cáncer de mama. Los estudios realizados en pacientes con el síndrome de Li-Fraumeni, enfermedad que se asocia con el desarrollo de cánceres múltiples (incluyendo el de mama) durante la juventud, indican que las mutaciones en el gen supresor tumoral p53 pueden ser responsables del cáncer de mama en estos individuos. Alrededor del 60 % de los casos de cáncer de mama están asociados con mutaciones que afectan al gen p53 o a otros genes del cromosoma 17.
Autor: Javier S. Mazana. Doctor en Medicina.
|