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 Biomedicina
 La Anorexia Nerviosa. 22 de Mayo de 2001
 

La anorexia nerviosa (AN) es un trastorno grave de la conducta alimentaria de evolución variable, causa desconocida y difícil tratamiento. El aspecto nuclear del cuadro clínico es el rechazo a mantener el peso corporal en los valores mínimos normales para la edad y talla, un miedo intenso a ganar peso o a ser obeso, incluso con peso inferior al normal, y una distorsión o alteración significativa de la apreciación del peso, y/o del tamaño, la forma y la percepción del propio cuerpo. Las alteraciones funcionales del hipotálamo descritas en esta enfermedad son secundarias a la pérdida de peso, desapareciendo con la ganancia ponderal. El trastorno bioquímico en la AN es extremadamente complejo. En estos pacientes la serotonina, el neurotransmisor que participa en el control de la saciedad, está elevada. Al unirse al péptido llamado leptina bloquea su acción favoreciendo así la liberación por el hipotálamo de un neuropéptido Y que representa una potente señal para la alimentación. Hay una disminución de la noradrenalina y de la dopamina. De hecho, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina que se emplean como antidepresivos, pueden tener utilidad terapéutica en la AN.

La pérdida progresiva de peso produce malnutrición contribuyendo a los cambios físicos y emocionales del paciente y perpetuando el círculo vicioso.

Síntomas

La AN predomina en la mujer, y en las bailarinas su prevalencia es 10 veces superior a la de la población general. Cursa siempre con amenorrea, siendo frecuentes las alteraciones cardiovasculares (hipotensión y bradicardia) y cutáneas (sequedad, hirsutismo y carotinemia), la hipotermia y las complicaciones clínicas, fundamentalmente hipopotasemia y arritmias cardiacas ventriculares que pueden ser mortales, especialmente cuando el peso se sitúa por debajo del 35% del peso ideal. En la AN se distinguen dos subtipos: el tipo restrictivo y el compulsivo purgativo. En el primero, los pacientes no recurren a atracones ni purgas, mientras que en el compulsivo purgativo algunos no presentan atracones pero sí recurren a purgas incluso después de ingerir pequeñas cantidades de comida. En la literatura hagiográfica que describe a los primeros santos cristianos se recogen casos bien documentados de AN. Bell en 1985 narra las rigurosas abstinencias alimentarias y los episodios de ingesta masiva de Santa Catalina de Siena; también describe el tipo de caña que esta santa empleaba para inducirse el vómito y enumera las hierbas purgantes que utilizaba. Por lo general la pérdida de peso se logra mediante una disminución de la ingesta total de alimentos. Aunque los anoréxicos empiezan por excluir de su dieta todos los alimentos con elevado contenido calórico, la mayoría acaba con una dieta muy restringida, limitada a unos pocos alimentos. Son frecuentes otros trastornos endocrinos concomitantes y en el diagnóstico hay que descartar algún proceso orgánico que pudiera confundirse con la AN: hiper o hipotiroidismo, estados de malabsorción, diabetes mellitus, tumores cerebrales, obstrucciones gastroesofágicas y enfermedad de Addison.

Diagnóstico

El diagnóstico es relativamente fácil y debe incluir una entrevista psiquiátrica teniendo en cuenta que la mayoría de los anoréxicos adolescentes acuden siempre a la consulta acompañados. Habitualmente es la familia la que aporta toda la información necesaria, mientras que el paciente puede autodefenderse y negar el hábito anoréxico. La familia suele describir algunos de los siguientes síntomas: amenorrea, estreñimiento, interés casi obsesivo por las calorías de los alimentos, dolor abdominal, vómitos, preocupación por el frío y por la preparación de las comidas -propias y ajenas, restricción creciente de alimentos y obsesión por la báscula, preocupación por la imagen, discordancia entre la imagen y la propia percepción corporal, recurso frecuente a trampas y mentiras, hiperactividad y obsesión por los estudios. La norma es que el primer contacto de estos pacientes se establezca con los pediatras o con otros especialistas según el síntoma predominante: amenorrea (ginecólogo), dolor abdominal (especialista de digestivo), adelgazamiento (endocrinólogo)... Pero tampoco es infrecuente que acudan a todos los especialistas en una auténtica peregrinación en busca de un diagnóstico de certeza y que no cumplan las recomendaciones prescritas. Cuando se diagnostica la AN, es conveniente consultar con un profesional experto para que oriente el tratamiento, que resulta difícil por las implicaciones individuales, familiares y sociales del síndrome.

Autor: Javier S. Mazana. Doctor en Medicina.















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